Ritual de la confirmación: significado, pasos y tradiciones

Por tal motivo, imploro a la santa María, siempre virgen, junto a los ángeles y los santos, así como también a ustedes, mis hermanos, que intercedan por mi ante nuestro Señor Dios.

ritual de la confirmacion

Presentación de los Confirmandos

¡Bienvenidos a todos los presentes! Os queremos presentar a un grupo de jóvenes de nuestra comunidad parroquial de N., quienes recibirán un importante sacramento de nuestra fe. Mediante la imposición de manos y la unción con el crisma, recibirán la fuerza del Espíritu Santo, que les ayudará a vivir como verdaderos cristianos y ser testimonio del amor de Dios para sus semejantes en estos tiempos que corren.

Durante un tiempo, estos jóvenes han estado preparándose y descubriendo a Dios presente en sus vidas. Es un camino de fe y amor que han recorrido junto a su familia, comunidad y catequistas, y que ahora llega a su culminación con este hermoso momento de confirmación.

Reafirmación de las promesas bautismales

Antes de recibir el don del Espíritu Santo, es fundamental que reafirméis ante mí, como pastor de la Iglesia, y frente a los fieles presentes, quienes son testigos de vuestro compromiso, la fe que vuestros padres y padrinos, junto a toda la comunidad de la Iglesia, manifestaron el día de vuestro bautismo.

Introducción al Rito de la Confirmación

¡Ha llegado el momento más importante para estos jóvenes! Tras haber renovado las promesas bautismales que en su día hicieron por ellos sus padres y padrinos, es ahora nuestro Obispo quien les impondrá las manos, tal como lo hacían los Apóstoles. Este gesto es uno de los que se realiza para conferir el don del Espíritu Santo y nos muestra la transmisión de un poder y una fuerza hacia ellos.

Acto seguido, y tras la realización de este gesto y la oración, el Obispo crismará a los jóvenes, imponiéndoles las manos y marcándoles con la señal de la cruz. Ser crismado significa ser Cristo, ser mesías, ser ungido. A partir de ese preciso instante, estos jóvenes tendrán la importante misión de dar testimonio de la verdad y convertirse en fermento de santidad en el mundo.

Por ello, hermanos, unámonos en oración a Dios Padre todopoderoso y supliquémosle que derrame el Espíritu Santo sobre estos hijos suyos, que ya nacieron a la vida eterna en el Bautismo, para que les fortalezca con su abundancia de dones, los consagre con su unción espiritual y los haga imagen perfecta de Jesucristo. ¡Que así sea!

Homilía

Una vez finalizada la homilía del Obispo, este se acerca a los confirmandos con su mitra y báculo en mano. Les hace una serie de preguntas sobre su fe y les pide que renueven sus compromisos bautismales. Para concluir este importante momento, el Obispo proclama la fe de la Iglesia en voz alta.

Tras la emotiva homilía del Obispo, llega el momento en el que él mismo, ataviado con su mitra y báculo, se acerca a los confirmandos. Allí, les plantea unas preguntas cruciales en relación a su fe y les invita a renovar sus promesas bautismales. Finalmente, el Obispo declara con fuerza y solemnidad la fe de la Iglesia.

Una vez que el sermón del Obispo ha llegado a su fin, este se acerca a los confirmandos adornado con su mitra y báculo. Sin embargo, en lugar de darles más enseñanzas, les cuestiona su fe y les reta a confirmar sus compromisos bautismales. Al concluir este importante momento, el Obispo declara con convicción la fe de toda la Iglesia.

Oración de los fieles

Oh, Señor, nos unimos en oración y elevamos nuestras peticiones a tu trono celestial. Que nuestro corazón se llene de fe, esperanza y amor, frutos del Espíritu Santo que habita en nosotros. Que nuestra súplica sea una sola, en presencia de nuestro Padre común.

Damos gracias por el fruto de la tierra, bendición de tu generosidad y del trabajo del hombre. Ahora, te presentamos este pan que será alimento para nuestras almas.

También te agradecemos por el fruto de la vid, don de tu bondad y del esfuerzo humano. Te ofrecemos esta bebida que será nuestra salvación.

En unidad, hermanos, elevemos nuestra oración al Padre, quien nos llena de abundantes bendiciones.

PRIMERA LECTURA

Señor, ante ti el mundo entero es insignificante, como un grano de arena en una balanza, o una gota de rocío matutino que cae sobre la tierra. Sin embargo, a pesar de nuestra pequeñez, nos compadeces a todos, porque todo lo puedes, y cierras los ojos ante nuestros pecados, para darnos la oportunidad de arrepentirnos. Tu amor abarca a todas las criaturas, y nada de lo que has creado te es ajeno, si alguna cosa te disgustara, simplemente no la habrías hecho realidad. Sin tu voluntad, nada de lo que existe podría subsistir, todo mantiene su existencia gracias a tu llamado.

Incluso el aliento que nos das es incorruptible, pues tu amor es inmutable y nos guía por el camino correcto. Por eso, en lugar de castigarnos de golpe, nos corriges poco a poco, nos recuerdas nuestros pecados y nos reprendes, para que volvamos a ti y creamos en tu misericordia, oh Señor bendito.

Dios mío, rey de todo lo creado, te alabaré y bendeciré tu Santo nombre por siempre, día tras día, proclamaré tus maravillas y exaltaré tu bondad por siempre jamás. Tú eres el Señor de todo lo que existe, y por eso mereces toda nuestra gratitud y alabanza.

PLEGARIA EUCARÍSTICA

anunciamos la buena nueva de la salvación, siendo tus comensales en el banquete eucarístico.

Renovados a imagen de Cristo, aquel que fue ungido por el Espíritu Santo y enviado para compartir la buena noticia de la salvación, nos reunimos en esta asamblea festiva para conmemorar las maravillas de un nuevo Pentecostés. Unidos a los ángeles y a los santos, entonamos el himno de tu gloria, Padre todopoderoso.

Tan grande es tu grandeza, Padre, que todas tus criaturas te otorgan alabanza por siempre, pues a través de nuestro Señor Jesucristo y por la fuerza del Espíritu Santo, proclamamos la buena nueva de la salvación, convirtiéndonos en tus comensales en el banquete eucarístico.

RITO DE CONCLUSIÓN

Oh Dios Padre todopoderoso, que con amor infinito os adoptó como hijos, renaciéndonos del agua y del Espíritu Santo, bendecidnos y hacednos siempre merecedores de vuestro amor.El Hijo unigénito de Dios, quien nos prometió que el Espíritu de verdad siempre estaría presente en la Iglesia, os bendiga y os fortalezca en la confesión de la verdadera fe.Que encendió en los corazones de sus discípulos el fuego del amor, os bendiga y, uniéndonos en la unidad, nos guíe hacia la felicidad del reino eterno.Que la bendición de Dios Padre, quien nos adoptó como hijos, y el amor y la fuerza del Hijo unigénito y del Espíritu Santo, que nos guía y fortalece, siempre nos acompañen y nos guíen en el camino hacia la eternidad. Amen.

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